Hoy queria aportar y compartir con ustedes un
abordaje cotidiano de cómo tomamos las decisiones de cierta entidad en nuestras
vidas.
Afrontamos acciones todo el tiempo, de todo
tipo, justificadas, obligadas, pautadas, azarosas.
Esas conductas nos definen a cada momento, lo
pensaron?
Esa definición impulsa a la conducta,
llevando consigo innumerables connotaciones de valor que aplicamos sobre los
actos, las acciones. No pensamos de
donde proviene. Sólo actuamos. Parece
ser un impulso que surge desde nuestro interior, y es tan común que no lo
miramos. Ni hablar en los tiempos en
que vivimos en que no podemos tan solo ver nuestra propia cara en el espejo...
Provenga del lado que venga, sea expresada o no. Cuántas veces callamos decisiones, cuántas
las tomamos y cuántas las accionamos concretamente? Esto quiere decir que las hay de todas
formas y colores y que existen de forma tal de ser llevadas adelante como
premisas fundamentales y otras, por lo tanto, como secundarias.
Decidimos por costumbre o por
obligación? De dónde proviene la idea
que dirige mi decisión? Serán
fortalezas o debilidades? Será una cuestión de medios o de fines? Cómo las
elegimos tomar? Somos apegados a la ley? a la moral? a la religión? Decia González Alvarez en sus textos de
ética: “La conciencia es norma y la ley es norma. Una es
interna y otra, externa. Ambas deben conjugarse para hallar la moralidad de
cada conducta correcta…”. Es que la
mayoria de las veces estamos frente a un conflicto que abarca varios de estos
enfoques simultáneamente sin que nos demos siquiera cuenta. Hacemos una división clara entre ley, el
mandato, la moral?
Podremos haber sido, estaremos siendo cuestionadores
de esas normas impuestas, tendremos la bonanza, la fortaleza, la templanza para
sostenerlas (o nuestros cuestionamientos) o seremos vencidos, todo dependerá de
en qué etapa de la vida estemos situados ante la toma de la decisión, cuánto en
nosotros habrá influido nuestra familia, la sociedad en que vivimos, nuestra cultura
(incluso ancestral). En fin, el mundo que nos formó.
Como la idea es vivir haciéndonos preguntas, lo que
me pregunto desde nuestro título es a efectos que intentemos revisar de dónde
tomamos nuestras decisiones y porqué las tomamos de esa manera. Estamos
instalados en la comodidad de una larga lista de actos repetidos e iguales o
podemos mirar por el vidrio para afuera a ver qué sucede, qué nos sucede HOY
con esas reglas. Serán todas tan obligatorias?
La experiencia me ha indicado que, frente a un dilema, no hay una sola respuesta a un problema ético complejo, pero actuando honestamente, en pos del mejor interés del asunto en si, de las personas involucradas, sin ánimo de lucro, justificando mis acciones con un marco legal y ético normativo llegaré a un resultado acorde y equilibrado. Le agrego: ...confiando en que dirijo mis acciones hacia un bien posible,íntimo, de la mano de mi propio instinto...
"El asunto es encontrar una verdad que sea
cierta para mí, encontrar la idea por la cual yo sea capaz de vivir y de morir."
Kierkegaard
Gracias!
Claudia
Silvina Dorrego
ARG COUNSELING
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